El Calor De Las Relaciones

Definitivamente, las relaciones entre los seres humanos son complejas. Hay quien dice que tanto como el clima. Y, ciertamente, aquí la atmósfera ha hecho de las suyas. La época de los tornados está arrasando algunas partes del país. No deja títeres con cabeza, ni ciudades, ni respeta nada ni a nadie. Muertos y desolación claman al cielo, con lo que, lo que llega desde allí, regresa a su punto de origen en forma de lamento. A las personas les pasa lo mismo. Afirma un refrán español que “quien siembra vientos, recoge tempestades”, y deben de haber desparramado auténticos ciclones atenor de los resultados que se aprecian.

Como quiera que sea, llega el largo y cálido verano y ni Paul Newman ni Joan Crawford podrán evitarlo. Es sorprendente observar que, en tres escasos días, los árboles de éste país se han llenado de un follaje verde y tan tupido, que son capaces de ocultar cualquier cosa. Igual que sus pares humanos. Las temperaturas han pasado de los diez grados centígrados sobre cero a los treinta o treinta y cinco en un suspiro, o mejor dicho, en horas. Los alérgicos se resienten. El verde césped se extiende como una alfombra por doquier y la humedad relativa aumenta conforme pasan los días. Toda clase de insectos pululan infinitamente crecidos, envalentonados, dominando su entorno, hematófagos insaciables a la espera de una vena fresca y nutritiva. Están amparados por la multitud de charcos, lagunas, ríos, riachuelos, lagos y aguas posadas que se ven con asombrosa asiduidad en el Medio Oeste norteamericano. Los rodea un aire espeso y silencioso poblado de ranas, sapos, petirrojos, cardenales, blue-jays, tábanos, avispas y abejorros. La gente se pone sus pantalones cortos, camisetas de tirantes, sandalias para el disfrute de los pies. La vida de la naturaleza estalla con su olor particular a hierba húmeda y tierra mojada. Y nosotros nosplegamos reverenciosos ante un hábitat que nos vuelve sudorosos bajo el agua del baño. Los instintos se crispan y aparecen por las calles más parejas de las que nunca hemos visto. Las combinaciones de la raza humana se dan cita en la tercera ciudad más grande de los Estados Unidos.

La relación entre el clima y el ánimo de las personas es uno de los grandes leit motiv de la literatura iberoamericana de tdoslos tiempos. Pero no es ahí sólo donde hace su aparición. La primera referencia que se nos ocurre en la cultura anglosajona es “A sangre fría” de
Truman Capote, uno de los clásicos estadounidenses. La pesadez del calor influye hasta alterar los nervios y provocar situaciones inesperadas. El viento estremece a los llamados “aventados” en la isla balear de Menorca, y en la isla canaria de La Palma, los dos
puntos españoles en donde más se produce ese fenómeno como consecuencia de un
hecho natural. La luz dorada envuelve cada oruga, ardilla, hurón, mapache, mofeta o
venado que asoma su hocico bajo el sol estival. Emprenden su camino frenético en la canícula, en una carrera contrarreloj frente al invierno. Las personas reducen su paso pero agudizan su espíritu en un intento indescifrable de lograr lo que el frío les negó.
Dietas, refrescos y pelos recogidos compiten con las noches interminables de los fines de
semana, cuando los adolescentes juegan a ser mayores, mientras dan pasos incipientes que les marcarán para siempre.

Llegaron los besos a escondidas en cualquier esquina, aquí y allá. Y los enfados definitivos que afectarán al resto del futuro. Nunca se sabrá si el calor afina los sentidos, colocando la guinda sobre el corazón del que mira esta tierra por primera vez, o si el zumbido del verano, que nos nubla la frente como un torbellino, nos retorcerá con una convulsión irrebatible a la espera de la gélida serenidad.

Autor: Beatriz Grissela Perez Molina
Grafica: Karla Casab

  • Share
This entry was posted in Español, Featured Articles. Bookmark the permalink.

Add Comment