MALA MEMORIA.
Siempre he tenido claro que nuestro disco duro posee una memoria muy limitada. De hecho, los últimos experimentos que tratan de discernir como funciona nuestro cerebro, apuntan con claridad a la fragilidad de este para mantener vivo el recuerdo. Nuestra mala memoria dicen ciertos científicos, es un método de defensa, un ejercicio de auténtica auto-preservación que nos ayuda a seguir adelante: Quizás cargar con tanto recuerdo se convertiría en una carga demasiado pesada al paso de los años. Un auténtico tostón en pocas palabras. Sugieren además algunos resultados, que las personas que acumulan demasiados recuerdos, tienden a estar más confusos en su día a día.
Claro que a mi no me extraña. Nuestra pobrecita masa encefálica está sometida a una media de impactos diarios de todo tipo superior a su poder de digestion. Para que se hagan una idea en su sesenta y cinco cumpleaños habrá visto una media de 2 millones de comerciales y eso sin contar otros impactos colaterales: banners, vallas publicitarias, radio, celulares, cines… A eso súmele las obligaciones diarias y tendrá como resultado la radiografía del cerebro del siglo 21. Una memoria que ante tanto bombardeo se convierte en selectiva.
¿Que que hace la ciencia ante esta amnesia colectiva provocada por demasiados estímulos? La verdad no lo se. Pero lo que si se es que paradójicamente a los científicos le interesa más el olvido. Como lo oyen, resulta que unos ciéntíficos han inventado el ZIP. ¿Que qué diablos es el ZIP? Ahí les va: ZIP es un inhibidor de una enzima (catalizador biológico) cerebral llamada PKM zeta. Pruebas en ratones aportan que una sola dosis de ZIP se ha mostrado capaz de eliminar por completo el recuerdo concreto que el animal haya reactivado en ese momento. Ya sea una habilidad motora placentera, una asociación emocional desagradable o como llegar a una dirección: El ZIP se la borra.
Dicen que sería un remedio maravilloso para olvidar recuerdos traumáticos: Madoff, Wall Street, los últimos 8 años de gobierno, al vendedor de carros que le vendió el carro y se acostó con su esposa, al bipolar de tu ex-jefe… Olvidar cada discusión con su pareja, su familia, olvidar aquel patético viaje que le dejó en tierra de nadie durante 10 horas, las cenas con sus suegros, las interrupciones publicitarias en lo mejor de la película, a Vicentito ese niño malo y grande como un mamut que le robaba el balón en el colegio y te provocaba pesadillas…
Pero si tomamos la pastillita, ¿Cómo evitaremos que esto nos vuelva a ocurrir?, ¿Cómo reconoceremos a aquellos que nos estafaron, nos hicieron la vida a cuadros, se acostaron con nuestras esposas o nos robarían si pudieran de nuevo el balón? Cada dolor, cada mala experiencia ¿No es en si misma una enseñanza, una ganancia que nos permite no repetir los mismos errores o reconocer un peligro latente?. Imagínese por un momento no recordar a Bush y volver a votarle…
En ocasiones olvidar es un pecado digno de Matrix:¿Que pastilla tomar?, ¿ La pastilla roja o la pastilla azul?, ¿Recordar u Olvidar? Creo que no son opuestas y que ambas son necesaria para conciliar nuestra existencia en un mundo realmente imperfecto. Recordar sin embargo, es un camino para mejorar aquello que no funcionó en el pasado. Pero si de plano quieren olvidar, recuerden (que paradoja), que existen métodos mucho más placenteros: Cómo la botella de Rioja San Vicente del 2004 que tengo enfrente, y que sin titubeos voy a decorchar para tratar de olvidar que mañana, es Lunes otra vez. Salud.







Add Comment