Sobre un repleto Julio

Ya es verano y hace calor. El tiempo invita a muchas cosas refrescantes, deliciosas, casi sensuales. Es el momento del año en el que la inmensa luz del sol nos zahiere de esperanza, y nos hace creer que cualquier cosa es posible. El año pasado, por estas fechas, yo recorría algunos estados del Este, intentando conocer y comprender mejor éste país en el que me ha tocado vivir en suertes. Y el año anterior, también por estas fechas, brincaba de contenta porque,  por primera vez en su historia, mi país de origen, España, ganaba la Copa Mundial de Fútbol. Parece que algunos hados se han conjurado para que algunas cosas se repitan porque en este julio actual, caluroso y sorprendente, la selección nacional española de fútbol volvió a hacer historia. Consiguió un triplete que nadie ha logrado hasta ahora: la Copa de su continente –Europa-, la Copa Mundial y la Copa de Europa otra vez, todo ello con un intervalo de dos años entre una y otra, en cuatro años prodigiosos de un fútbol espectacular. Además, nadie ha ganado una final de un torneo internacional con semejante goleada. Ha sido casi una hazaña épica porque los que estaban enfrente –italianos- eran una selección de altos vuelos. Podría extenderme contándoles la de récords que se han batido,  pero lo dejo para los especialistas en deportes que, de seguro,  saben más que yo de eso. Lo que me sorprende es la naturalidad del vencedor. Cómo la capacidad para sufrir y soportar la tensión, puede conducirte al éxito. Cómo la perseverancia, el trabajo en equipo bien realizado, la justeza de movimientos, la comunidad de objetivos, el cumplimiento escrupuloso en tu área de trabajo, la toma de iniciativas brillantes se ve rápidamente coronada por el reconocimiento popular. La humildad callada da por fin sus espléndidos frutos, regalándonos lecciones aplicables a la vida diaria. Frente a bocazas, agoreros y pájaros de mal agüero, el trabajo bien hecho tomó su lugar y silenció a toda la bravuconería que arrogantemente ya reía pronosticando fracasos incontables. La perfecta combinación entre la inteligencia, el dominio de la técnica y la lucha por un honesto objetivo común determinaron la gloria más allá del propio continente. El nombre del país recorrió el mundo de las estrellas gracias al deporte rey. Así que, si podemos aprender cosas tan valiosas a través de la observación de un juego ¿por qué en el alto juego de la política los de arriba no entienden?¿Cómo es posible que la asociación entre la política y la correcta gestión del bien común, que tan clara estaba desde el principio de la formación de las  sociedades occidentales, haya degenerado  hasta el punto de conducirnos  hacia una crisis inacabable que pone en peligro el futuro de todos?

No seré yo quien dé la solución a los problemas del planeta, pero como emigrante que mira a ambos lados del atlántico, y que intenta encontrar puntos convergentes a los que agarrarme en la supervivencia diaria, siento unos deseos irrefrenables de poner a unos cuantos líderes conocidos a pie de calle, sin escoltas,  ni dinero, ni casa, ni trabajo, a ver qué hacen. Porque es así la forma de vida de millones de seres humanos, y cada vez hay más.

Julio llegó repleto también de fuegos artificiales, sembrando los cielos nocturnos de ilusiones y anhelos. La celebración de la Independencia, el cuatro de este mes, me dejó boquiabierta. Cerca de donde vivo, por primera vez, se pusieron de acuerdo tres ayuntamientos y varios negocios y abrieron un espacio de disfrute  para los ciudadanos en terrenos colindantes. Fue un completo éxito de afluencia de público. Mirando detenidamente a quienes llegaban, paseaban y gozaban de la algarabía circundante, pude ver a una enorme cantidad de asiáticos, principalmente chinos e hindúes, sijs y japoneses. También había gente de color y muchísimos hispanos. Curiosamente, los que más escaseaban eran los que supuestamente deberían congratularse más con la festividad. Y ese mosaico de gentes me pareció un reflejo, a pequeña escala, del problema que padecemos y de la situación en la que nos encontramos. Sólo hacía falta retroceder unos días para encontrar la solución porque, a veces, un poco de fútbol no viene mal…

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